Modiano, el Nobel de los soñadores

  • El desencanto generacional después de Mayo del 68 y la ocupación alemana de Francia han sido dos de los temas de sus novelas

Patrick Modiano es el ganador del Premio Nobel de Literatura de 2014, según acaba de anunciar la Academia Sueca. Su nombre no aparecía entre los favoritos, lastrado, en parte, por la aún reciente elección del también francés (más o menos francés) J.M.G. Le Clèzio para el mismo premio. Pero no desmerece el palmarés reciente del Nobel.

El nombre de Modiano remite en seguida, a dos novelitas de iniciación que aparece como una anagrama de su obra en la cabeza de los lectores: «Una juventud» y «En el café de la juventud perdida».

«En el café de la juventud perdida», de memoria, era una crónica del 68 francés y de sus réplicas; la historia de un barucho de París que atraía a aspirantes a poetas malditos, situacionistas exaltados, policías secretos, soñadores, pedantes, desencantados... El desencanto del 68, de hecho, es uno de los temas que tendemos a asociar con Modiano, nacido en 1945, testigo, como mínimo, de aquellos años de revuelta.

«Una juventud» tenía un tema más brumoso pero también tenía mucho que ver con «El café»: dos chicos inadaptados intentan poner en marcha su vida en París. Todo es un poco lúgubre y un poco áspero, como el vino malo que beben los chicos, pero también es sugerente. Quién no habría querido ser ser un chico lleno de sueños en París, aunque todo saliera mal al final.

La rama de esas dos novelas conduce hasta otras obras como

«Un circo pasa»,

«La hierba de las noches» o «Un pedigrí», una biografía mínima de Modiano de la que, el primer recuerdo que queda, era el tono frío, casi clínico, de la voz que hacía el relato. «Muy francés», se puede leer en alguna web de críticas. Y sí, había algo en esa asepsia que hace que Modiano recuerde muchas veces a Jean Echenoz, por ejemplo. Y a la inversa, por supuesto.

El otro gran tema en la obra de Modiano es la ocupación alemana de Francia durante la II Guerra Mundial. Sus primeras novelas, «El lugar de la estrella», «La ronda de noche» y «Los bulevares periféricos», aparecieron hace unos años reunidas en un solo volumen en España con el sello de Anagrama, su editorial de siempre. El recuerdo es más oscuro, como si el Modiano de juventud aún estuviera en la pelea por conquistar la claridad y la sencillez, pero, en realidad, el conjunto también es un presagio de «En el café de la juventud perdida»: aquellos libros eran una especie de fresco sobre el París de los nazis: estraperlistas, oportunistas y fascistas convencidos interactuaban por sus páginas igual que los bohemios del 68, y quizá en los mismos escenarios.

Modiano parece en sus libros un poco indiferente a casi todo (a las estructuras narrativas, a las escenas más o menos tremendas que narra), un poco ensimismado, nada enfático, nada moralista, sintético... No es difícil para el lector empatizar con Modiano. Está París en sus páginas, cartografiado con sus bares, sus tiendas, sus viejecitas que se meten en un portal de la Isla de San Luis y los relatos de Modiano acaban por mezclarse con mil películas: con «Los amantes de Pont Neuf», con

«Los soñadores», con «Rendez-vous» de Téchiné... Parece que nada es del todo nuevo ni del todo diferente, pero el conjunto es encantador, en el sentido más puro de la palabra: el lector se queda flotando por las páginas de Modiano como en un cuento.

Herralde saluda al Nobel

Al editor de Modiano en España, Jorge Herralde, el premio le cogió en la Feria del Libro de Frankfurt y, como a casi todo el mundo, por sorpresa. Casi me desmayo, confesaba el fundador de Anagrama vía telefónica, minutos después de conocer el veredicto.

«El año que ganó el Nobel Le Clézio todo el mundo en Francia dijo que quien se lo merecía era Modiano, pero... La verdad es que en estos años nunca había aparecido en las apuestas, las decisiones del Premio Nobel de Literatura son de un misterio impenetrable. La famosa casa de apuestas de Londres no acierta nunca. Aunque lo cierto es que su editora en Gallimard me llamó antes de ayer bastante entusiasmada. Justo acabamos de comprar los derechos de su última novela, 'Pour que tu ne te perdes pas dans le quartier, que en castellano se titulará 'Para no perderte en tu barrio' y estamos en pleno proceso de recuperar cinco novelas que escribió en los años 80 y 90. Dos de ellas, 'Libro de familia' y 'Accidente nocturno', que han sido traducidas al español por Maria Teresa Gallego Urrutia, llegarán a las librerías este año», explica un satisfecho Herralde.

El editor hablaba ayer de la «enfermiza timidez» de Modiano, alérgico a la promoción: odia las entrevistas (ha aparecido sólo cuatro veces en su vida en la televisión francesa) y apenas viaja. «Seguro que ahora mismo está pensando en la excusa que pondrá para no acudir a la ceremonia de entrega del premio», bromea Herralde, quien descubrió al autor leyéndolo «en una edición antigua de Alfaguara, de la época de Jaime Salinas», y se quedó prendado de su voz autobiográfica. «Me pareció una maravilla. Y pensé: voy a publicarlo, aunque no venderá. Pero quiero tenerlo en mi catálogo». Hasta entonces, Modiano no había tenido demasiado éxito en España, pero con La 'Trilogía de la Ocupación' las cosas empezaron a cambiar. «Está muy obsesionado con esa época, en parte porque su padre estuvo implicado con negocios turbios», apunta Herralde. En el café de la juventud perdida, del que se han vendido 15.000 ejemplares en España (reeditado en bolsillo hace justo dos semanas) fue su primer éxito entre los lectores españoles.

«El premio es el triunfo de la literatura. Cualquier persona que haya leído a Modiano tiene ganas de más. El lector se encuentra con la misma voz, la misma música. Los lectores no se cansan de él».