La fotografía y el erotismo en APEIM

Alejandro Zenker es editor, traductor y fotógrafo. Funge como Director General de Solar, Servicios Editoriales, de Ediciones del Ermitaño, y Director del Instituto del Libro y la Lectura.

Fue Fundador y Presidente de la Asociación de Traductores Profesionales (ATP), miembro del Consejo de la Federación Internacional de Traductores- en cuyo marco presidió el Comité para los Centros Regionales-, miembro fundador y Secretario General de la Asociación de Editores Mexicanos Independientes (AEMI), y Promotor y Director del Pabellón Tecnológico de la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2011.

El 6 de junio, en la reunión de la Asociación de Periodistas y Escritores Israelitas de México (APEIM), tuvimos el gusto de deleitarnos con las palabras de Alejandro y de disfrutar de su gran obra fotográfica. Nos habló de su gusto por la fotografía y la fotografía erótica, en donde el blanco y el negro reflejan las luces y sombras del erotismo.

Angelina Muñiz-Huberman, poeta multipremiada, comentó acerca del erotismo en la poesía.

«En la poesía, el sonido de la palabra puede sonar sensualmente, más allá de lo que significa. Como ejemplo, la palabra muslo tiene sensualidad, por la s y la l. Se debe pensar que la poesía es para ser leída en voz alta, para ser escuchada, en forma oral. Otro tema consiste en la musicalidad: los ritmos de la poesía pueden ser eróticos, tú puedes dar un ritmo de movimiento por medio de las palabras. Todo esto es más difícil de captar si se expresa oralmente; mientras la fotografía está a la vista».

Más tarde, Alejandro describió su reunión con APEIM en su página de Facebook con estas palabras:

«Hoy tuve el gusto de desayunar con un grupo de miembros de la APEIM a quienes les di una plática sobre mi trayectoria como fotógrafo especializado en desnudo y erotismo. Me invitó May Samra, a quien debo que un texto mío figure en el precioso libro que se publicó con motivo de los 60 años de Israel. La pregunta obligada que me hicieron al inicio fue si soy de origen judío. Les contesté que hasta donde sé no, pero que de una u otra manera siempre he estado vinculado con la comunidad judía.

Como ya relaté en algún momento, mi padre estuvo enamorado de una judía durante la Segunda Guerra Mundial, antes de que lograra huir hacia México. Por otra parte, yo mismo tuve una novia judía, a la que me he referido como “mi novia del séptimo piso”, que fue la que me llevó a volar en repetidas ocasiones a Israel y cuya apasionante historia conté hoy y narraré aquí en algún momento propicio con detalle. Además, tengo muchos amigos judíos entrañables, a uno de los cuales (Arón Gilbert) le publiqué su libro biográfico, titulado El último sobreviviente, que gira en torno a la vida de su padre, Shie, que sufrió el cautiverio en los campos de concentración nazis.

Pero la idea de invitarme era precisamente salirse de la temática del holocausto y asuntos afines, así que les leí e ilustré un texto que preparé para Confabulario, de El Universal, que debe salir en estos días, sobre mi proyecto erótico-literario La escritura y el deseo, que ha generado a la fecha más de veinte libros e infinidad de polémicas. Me dio gusto encontrar entre los asistentes a Willy de Winter cuyo libro de palíndromos tengo sobre mi escritorio, y a quien hace no menos de 35 años fui a ver infructuosamente en busca de trabajo, pues tiene una agencia de traducción. ¡Qué tiempos aquellos! Y Willy, tan vital y locuaz como siempre.

En fin, hablamos de muchas cosas, incluso de cuando fui director del ISIT. Willy, tras ver mis fotos, dijo que echaba de menos en ellas el amor. “Le falta amor a tus fotografías”, me dijo. Se refería, con ello, a la desvinculación que para algunos transmiten mis imágenes, en las que los autores posan aparentemente ausentes pese a tener frente a ellos la desnudez de las modelos. Le di la razón y justifiqué la búsqueda. Pero mostré, luego, una sesión que hice con una pareja de jóvenes de entonces 72 años de edad que hace muchos años posaron para mi cámara. La edad, les dije, no importa. Tampoco las marcas que el tiempo va dejando sobre nuestros cuerpos. Tengas los años que tengas, puedes ser sensual. Y en esas fotos, hay amor, Willy.

Así navegamos sobre cuerpos jóvenes y esbeltos, otros aparentemente envejecidos pero no menos sensuales, y finalmente algunos anoréxicos. Siempre es difícil resumir en una conversación años de trabajo. Pero para mí fue muy gratificante esta reunión, con la que culminé una semana de intensas actividades»