Fallece el escritor Gustavo Sainz

Por Niza Rivero

MÉXICO D.F. (apro).- Hasta hoy se supo que el escritor Gustavo Sainz, quien con José Agustín fuera uno de los célebres representantes del movimiento «Literatura de la Onda» de los años sesenta en México, falleció el pasado viernes a los 74 años.

Ante el hermetismo de la familia al respecto, la noticia trascendió gracias a un obituario publicado ayer por el diario estadunidense Herald Times de Bloomington, Indiana, lugar donde vivía y laboró como profesor de la universidad local.

Sainz, quien nació en la Ciudad de México en 1940, estaba en víspera de cumplir sus 75 años este 13 de julio; al día de su muerte sufría de Alzheimer.

Ensayista y narrador, se dio a conocer por su novela Gazapo (1965), que escribió a los 25 años, la cual lo insertó en la corriente de la «Literatura de la onda», al lado de Agustín, quien editó La tumba y De perfil en 1964 y 1966, respectivamente. La noción se la atribuyen al estudio preliminar de la antología Onda y escritura en México (1971), de la escritora mexicana Margo Glantz.

Estas primeras novelas fueron saludadas con entusiasmo por el historiador literario José Luis Martínez, quien las calificó de que fueron escritas «a ritmo de sorpasso»–«rebasamiento», en alusión a la famosa película italiana (Il sorpasso) de los sesenta, donde el actor Vittorio Gassman encarna a un aventurero con su auto deportivo.

Luego siguió con La princesa del Palacio de Hierro por la que recibió el Premio Xavier Villaurrutia en 1974,Compadre Lobo (1978), Fantasmas aztecas (1982), Muchacho en llamas(1987), A la salud de la serpiente (1991) y A troche moche (2003) con la que obtuvo el Premio Novela de Narrativa Colima para Obra Publicada.

También fue asesor editorial en la Secretaría de Educación Pública y fundador de la colección SEPsetentas, y en especial se recuerda su paso como director de Literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes, que publicaba el suplemento La Semana de Bellas Artes. En 1982 apareció ahí, sin que Sainz supiera, un cuento llamado La Feria de San Marcos, de María Velázquez Pallares, que pintó grotescamente a una mujer –en alusión a la entonces esposa de José López-Portillo, Carmen Romano–, lo que desató la ira del presidente, a partir de lo cual se pidió a Sainz su renuncia inmediata (Proceso, 709).

Sainz también impartió clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, en la cual dio la materia de Sociedad y Literatura y fundó el Taller de Poesía Sintética, donde se formó una generación de escritores que más tarde destacaría, entre ellos, Rafael Vargas, Emiliano Pérez Cruz, Arturo Trejo Villafuerte, Ignacio Trejo Fuentes y Enrique Aguilar, además, en las universidades estadunidenses de Nuevo México en Albuquerque y Vermont, y finalmente en Indiana University Bloomington, de la cual fue profesor emérito.

Sobre su emigración a Estados Unidos, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes dio a conocer en un comunicado que el escritor contó que no regresó a México después de una beca que recibió en 1980 porque no obtendría nunca en nuestro país un pago como el que recibiría allá.

El término «La Onda» se utilizó para definir a la literatura mexicana escrita por Agustín, Sainz y otros autores nacidos entre 1938 y 1951, cuyas obras –entre novelas y relatos– fueron marcadas por el preludio del movimiento estudiantil de 1968, las manifestaciones contra la guerra de Vietnam, el descrédito del gobierno en la óptica de los jóvenes, de la crisis de las instituciones y la familia y todo lo que representaba la autoridad.

En Días de guardar (1970) Carlos Monsiváis hace una referencia a «La Onda»como el primer grupo que divulga el slangdel momento en la literatura mexicana.

De manera reciente, en el número 1988 de Proceso, con motivo de la muerte del escritor, periodista y cofundador de este semanario, Vicente Leñero Otero (9 de junio de 1933-3 de diciembre de 2014), José Agustín recordó su paso por la revista Claudia,de la cual Leñero fue director, y donde explica cómo se reunían ahí Sainz y él en una especie de relación maestro (Leñero)-alumnos (Sainz-Agustín):

«Escribíamos todos nuestras cosas e íbamos pasándonos las páginas ¿no? Vicente estaba escribiendo Estudio Q, creo que ya había sacado Redil de ovejas, y Gustavo Sainz hacía Obsesivos días circulares para luego publicar Gazapo. A mí Vicente me ayudaba a corregir galeras…»

«Nos juntábamos ahí Gustavo Sainz, Vicente Leñero y yo. Luego entraron a trabajar con nosotros bastantes escritores más como Nacho Solares, Parménides García Saldaña o Juan Tovar, todo mundo pasó por Claudia de México», dijo.

En el libro de Reinhard Techmann De la onda en adelante. Conversaciones con 21 novelistas mexicanos (Editorial Posada, 1987), José Agustín ahondó más en el tema de su convivencia con Sainz:

«Con (Gustavo) Sainz, y Parménides (García Saldaña) compartimos el haber empezado a escribir muy jóvenes y el haber introducido personajes juveniles a la literatura. Esto fue un fenómeno bastante nuevo. Normalmente la gente que habla de la juventud lo hace desde la edad adulta, y sus remembranzas están teñidas de la nostalgia y por el filtro del tiempo. Nosotros escribimos sobre la juventud desde la juventud. Empleamos un lenguaje diferente, una mentalidad distinta, una sensibilidad enteramente distinta. Esto es lo que compartimos los tres. Y con Parménides comparto –porque con Sainz no tanto– el gusto por el rock, y muchas cosas que le aprendimos al rock. Pero hasta ahí nada más. En realidad nosotros nunca nos juntamos los tres para decir: ‘Somos de la Onda. Vamos a escribir un manifiesto de la Onda».