Robots asesinos

(Cuentos)

Este 2018 se cumplen doscientos años de la publicación de Frankenstein, de Mary Shelley. Sin ser propiamente un libro de ciencia ficción (el término aún no se inventaba siquiera), la novela sobre un científico que logra insuflar vida en una creatura formada por fragmentos de cadáveres dejó una huella tan honda en los lectores que sigue siendo una referencia obligada cuando se piensa en la relación entre ciencia y literatura. Esta relación no es tan sencilla como se podría suponer: ¿hasta dónde debe un autor apegarse a la ciencia y hasta dónde dejar que sea su fantasía la que hable? Al escribir o leer obras del género, ¿tendríamos que enfatizar la ciencia o la ficción? El debate ha estado presente desde que se inventó el término science fiction, y probablemente genera discusiones más intrincadas en los países de habla hispana, donde, además, se tradujo mal: tendría que conocerse como ficción científica, lo que quizá nos ahorraría algunas discusiones, pero no todas: ¿qué tan válido es —discuten los más apasionados— incluir en el género historias que, aunque hacen gran énfasis en la importancia de la ciencia y la tecnología, proponen situaciones que la ciencia ya ha descartado por completo o considera inviables? Historias de aventuras en el espacio, como las de La guerra de las galaxias, ¿deben considerarse ciencia ficción o fantasía? ¿Y qué hacemos con las historias que incluyen términos científicos, pero no ocurren en el futuro? Para colmo, está la influencia del romanticismo (que es de las referencias directas de Mary Shelley y, por lo mismo, antecesor directo o indirecto de los descendientes espirituales de Frankenstein), con sus cuentos de hadas y sus leyendas folclóricas; sus castillos oscuros y sus almas atormentadas.

Y todavía falta agregar a eso la relación prácticamente indivisible entre la ciencia ficción y la cultura pop, que empieza con películas como la ya mencionada Guerra de las galaxias y programas de tv como Perdidos en el espacio y Doctor Who, pero que ha permitido incorporar desde cómics y videojuegos hasta elementos auto-rreferenciales (tanto de autores como de lectores), como la identidad geek o las convenciones de fans.

Lo anterior viene a cuento a la hora de hablar de Robots asesinos, de Arturo Vallejo, porque se trata precisamente de una colección de cuentos inquieta: lo mismo hay historias llenas de referencias pop (como la que da título al libro) que cuentos realistas cargados de términos científicos “de verdad” (como “dendrología”); relatos que juegan con los cuentos de hadas y su teoría (“Fisiología del cuento” o “Un pez dorado y un loro”) sin que se trate específicamente de una puesta al día de las historias antiguas; y, por supuesto, no faltan las construcciones híbridas, como “Angelito”, que combina el estilo de los hermanos Grimm con el de George A. Romero.

Dos elementos unen todas las narraciones: la curiosidad implacable de su autor, ávido de experimentar en estructura, ritmo y recursos narrativos; y su sentido del humor, siempre contenido y sutil, más parecido a una sonrisa irónica que a una carcajada explosiva, pero presente en cada uno de sus cuentos.

¿Me acompañan a dar un paseo por estas historias? Den vuelta a la página y asómense no a un mundo fantástico, sino a varios, todos muy diferentes y extraños.

Raquel Castro

México, septiembre de 2018

Escritor
Colección
Colección Museo Fantasma
Materia
Cuento
EAN
9786078412655
ISBN
978-607-8412-65-5
Páginas
72
Ancho
21 cm
Alto
13.5 cm
Edición
1
Fecha publicación
01-11-2018
Edición en papel
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Sobre Arturo Vallejo (Escritor)

  • Arturo Vallejo
    Arturo Vallejo nació en la Ciudad de México en 1973. Es licenciado en Cinematografía y maestro en Letras. Autor de la novela No tengo tiempo (2009), con la cual ganó el Premio Caza de Letras en 2008, y de los libros infantiles La princesa guerrera y otras historias del África (Pe... Ver más sobre el autor