Pulsaciones de un mundo

Prólogo

Un buen libro de cuentos siempre constituye una gama de resquicios para que podamos asomarnos al mundo. O a los diversos mundos que los cuentistas, como malabaristas de la ficción, nos proponen. Pero esos resquicios también hacen que el discurrir del mundo venga hacia nosotros. Y nos abrace, nos congele o nos vapulee.

Aunque un cierto conservadurismo literario (que boga insomne por los fríos claustros universitarios) quiere obligarnos con trucos retóricos a que solo prestemos atención a aquellos artefactos cuentísticos que se mantienen dentro del molde considerado normal (¿normalidad sancionada por quién?), lo cierto es que son los cuentos de ruptura los que permiten atisbar las maravillosas posibilidades de este formato de expresión literaria.

Porque contrario a lo que los tozudos críticos literarios se imaginan, el cuento porta en sus espaldas la daga de la flexibilidad formal. El dinosaurio, de Augusto Monterroso, es un cuento como lo es La autopista del sur, de Julio Cortázar, o como Esa mujer, de Rodolfo Walsh.

La ruptura no remite solo al resquebrajamiento de la forma o formas tradicionales, también tiene que ver con el modo de abordar los temas y con el tipo de preocupaciones estéticas que los cuentistas filtran en sus textos. Incluso habría que decir que autores considerados tradicionales (sobre todo por su apego al esqueleto del formato cuento), como Borges, lo cierto es que son cuentistas de ruptura. El libro de arena, que fue dictado por Borges (y en concreto, el cuento del mismo nombre) es una muestra elocuente de lo señalado. No en balde Octavio Paz en algún momento dijo que Borges practicaba el “terrorismo literario”.

Pulsaciones de un mundo tiene marcado en la frente la noción de la ruptura. Y cada uno de sus cuentos pretende seguir esta vocación. Los cuatro cuentos nominados “Todo se expande y se encadena”, en su título y en su trama y en sus temas apuestan por romper, pero también por sugerir que hay una cierta circularidad en lo propuesto.

El autor de Pulsaciones de un mundo, por lo que sé, tiene clara conciencia del camino que sigue. No ha comenzado a escribir apenas, y esto hace que pueda sentirse muy cómodo en la factura de sus cuentos. Su primera tentativa narrativa, la tengo bien presente, la tituló SúperGorra. Tenía 9 o 10 años de edad y había decidido ser escritor. Ahora se ríe cuando posa sus ojos en las varias páginas de SúperGorra, pero lo cierto es que esos son sus comienzos. Dieciséis años después tenemos Pulsaciones de un mundo: un aerolito que deja huella por donde pasa.

“Lo que acaece y se marchita” es un cuento intenso, con una fuerte carga emotiva donde campea el desencanto. Y el recurso fantástico del otro yo que sale del espejo lo dota de una extraña sensación de mundo raro. Así emergen la violencia, el desamor y quizá la tristeza como brotes de semillas olvidadas después de la lluvia.

Los textos literarios no pueden explicarse por la biografía de sus autores. Como si se tratase de una mera transcripción: vivió esto, escribe esto. Ese modo obtuso de apreciar lo literario, por desgracia, ha hecho graves estragos en el imaginario colectivo. Sin embargo, hay que decir que Rodrigo Barba, como demiurgo de Pulsaciones de un mundo, también apela a su biografía para narrar sus ficciones. Aunque de un modo disimulado y original, porque su biografía también es lo que “ve” y “escucha” por los diversos rumbos de la ciudad perdida en la que le ha tocado vivir y en la que se deleita mientras la explora. Esta no es Buenos Aires ni Nueva York, pero sí es una inmensa fábrica de situaciones absurdas donde personajes estrambóticos y estrafalarios que deambulan por ahí, no solo como vagabundos o personas sin rumbo, sino como entelequias vestidas de traje formal, y empotradas en pomposos cargos fútiles de corta duración, se dan cita para plantarnos sus performances. Esos personajes que captura y que con docilidad lleva hasta sus ficciones, a veces retocados y a veces casi en estado puro (aunque embozados en un clima narrativo ad hoc), puesto que el entorno que el autor vive produce personajes extraordinarios, hace que sus cuentos, de ruptura y un tanto anormales, se dejen leer con una naturalidad pasmosa, y que al cierre de cada uno no deje de ponerse la piel de gallina.

Cuando nació Rodrigo, en septiembre de 1991, El Salvador, su país de origen, parecía que se encaminaba al cierre definitivo del largo ciclo de inestabilidad política y exclusión social que desde 1932 se había afianzado. Sin embargo, solo cesó la guerra y apenas se remozó el sistema político nacional. No hubo ni transición política ni mucho menos transición estructural, aunque sí tuvo lugar un clima de amplias libertades públicas. Pues bien, esa es la sociedad en la que le ha tocado forjarse a este escritor y de la que es uno de sus, digamos, cronistas literarios. Olvidar estas coordenadas sería vaciar su labor literaria. Sus temas, sus énfasis, sus urgencias y hasta sus hallazgos estilísticos están conectados, de algún modo, con ese “aire de época” al que se refería Franz Kafka.

En un autor tan joven podría creerse que sus lecturas aún no son una clave para contribuir a su desciframiento. Este no es el caso. Rodrigo Barba inició su andadura lectora tan temprano como los ocho años de edad y esto le ha permitido emerger sin forzamiento y también sin afectación, porque su madurez personal le ha ido abriendo paso a su madurez literaria, y esta, a su vez, le ha puesto sus propias señales de identidad a aquella. En los cuentos que conforman Pulsaciones de un mundo son notables los diálogos con Foster Wallace, Graham Jones, Bolaño, Fre-sán, Castillo, Eggers, Papasquiaro, Siri Hustvedt, Houellebecq, Bukowski, Palahniuk, Cummings y Perec. Hay una voluntad de romper que todos estos autores encarnan.

No obstante que Pulsaciones de un mundo es su primer libro publicado, en realidad no es el primero que escribe. Me atrevería a decir, puesto que soy testigo excepcional de su fragua, que solo es un capítulo de un entramado narrativo de gran envergadura que está en curso y del que pronto se tendrán noticias ciertas. En ese sentido, sus cuentos abren paso a sus novelas y, por extraño que parezca, esas novelas le exigen determinados cuentos.

En “Hombres derrotados”, que informa de las apuestas formales de su autor, asoma también el filón reflexivo que anima todas sus creaciones literarias. Hay una alusión explícita a cierta clase de autorías que en nuestro tiempo han dejado sus tripas y sus sesos en el afán de notoriedad y la veleidad inútiles, es decir, han hecho del cinismo su divisa principal. Pero hay, asimismo, una elusión referencial, porque no se trata de Juan o María, sino que lo que le interesa es mostrar la senda de los hombres derrotados que pululan por doquier.

Lo que no puedo dejar de señalar de Rodrigo Barba es que, aunque avanza con autonomía en el ámbito de la literatura, moviéndose a su aire, en su caso es innegable que en su mochila de enseres muy personales lleva custodiada, rumiada y digerida de forma muy particular, tomando lo que más le interesa, dos tradiciones literarias: la nacional (Dalton, Menén Desleal, Kijadurías) y la familiar (de la que ahora forma parte y que bien cubre ya un siglo).

He aquí, pues, un escritor que toma la palabra y entra en la boca del Tiempo.

Jaime Barba

San Salvador, octubre de 2017

Escritor
Colección
Colección Museo Fantasma
Idioma
  • Castellano
EAN
9786078412686
ISBN
978-607-8412-68-6
Páginas
156
Ancho
21 cm
Alto
13.5 cm
Fecha publicación
17-01-2019
Edición en papel
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Sobre Rodrigo Leo Barba (Escritor)

  • Rodrigo Leo Barba
    Rodrigo Leo Barba. Escritor y filósofo centroamericano. Nació en 1991. Expulsado de las universidades por radical. Ha publicado Estos son 6 apuntes de 6 cuadernos de 6 personas diferentes (cuento), Pensamiento crítico en una sociedad herida (ensayo) y Moralidades posmodernas en J... Ver más sobre el autor