Los geranios y la nieve

Toluca buen gente, no mata nomás taranta, quita cobija y tira barranca.

Dicho popular de comienzos del siglo xx.

Las ciudades del mundo contienen casi todos los destinos posibles de una vida humana. Nuestra especie tardó miles de años en inventarlas, pero ahora parece imposible que llegue, jamás, a renunciar a ellas. La literatura, como las otras artes humanas, se ha preguntado por qué. Al hacerlo ha explorado las muchas razones que tenemos para seguir reuniéndonos en sus calles, habitando sus edificios, llenándonos de la desolación y la vitalidad que encierran a partes iguales, y también ha explorado las propias ciudades: sus espacios, sus rutas y trayectos, sus ruinas y sus monumentos. A sus pobladores.

En los libros, algunas ciudades han sido recorridas más que otras. Suelen tener más suerte las ciudades grandes, antiguas, prósperas. Pueden hacerse verdaderos mapas literarios de Nueva York, digamos, o de París, reuniendo las referencias de muchos textos diferentes y disponiéndolas sobre un plano. En cambio, hay muy pocas referencias a poblaciones más pequeñas, más nuevas o simplemente de países que no sean de lo que antes se llamaba “primer mundo”.

Como un fractal, esta disparidad se ve también, a su propia escala, en la literatura de todos los países cuando se les considera de modo individual. Así, en México hay muchísimos libros sobre la capital, la Ciudad de México, y también —con sólo un poco menos de abundancia— acerca de las ciudades que le siguen en tamaño o riqueza, como Guadalajara, Monterrey, Puebla, Ciudad Juárez o Tijuana. Pero hay mucho menos escrito acerca de las otras ciudades. De todas las otras.

Habrá entre los lectores mexicanos quienes hagan suyo el complejo nacional de inferioridad y den por sentado que nadie desearía escribir sobre nuestras ciudades pequeñas. Se burlarán de una épica de Apizaco, un thriller de Minatitlán, un drama de Salamanca o Tuxtepec. Cuando se les diga que de hecho hay libros así —escritos en y acerca de Gómez Palacio, Uruapan o Navojoa—, se negarán a leerlos.

A una de estas personas le oí decir que sólo Jorge Ibargüengoitia podría haber escrito con éxito y reconocimiento semejantes “novelas de la patria chica”, y eso “porque no escribía en serio”.

A todos ellos se les olvida que en el primer mundo nadie se acobarda así, y que autores como William Faulkner o Thomas Hardy hicieron gran parte de sus carreras escribiendo, con total seriedad, de lugares todavía más pequeños que nuestras ciudades más humildes. (Para el caso, lo hizo también Juan Rulfo.)

Y también se les olvida que las grandes ciudades no tienen el monopolio de la invención, y que las ciudades ignoradas, así como los libros construidos en ellas, no están impedidos, por su tema, de darles sorpresas.

Así ocurre, justamente, en Los geranios y la nieve. Este libro de Alonso Guzmán no es el primero que se escribe sobre Toluca, la tierra de su autor, pero es el más extraño, el más audaz de todos los que conozco. No solamente es por su argumento: por lo que sucede en la ciudad que Guzmán evoca y describe. Su misma forma es extraordinaria. Hecha como una sucesión de impresiones fugaces, que poco a poco se van ensamblando para dar una sola imagen una imagen compleja, vasta, atroz—, Los geranios y la nieve es un libro que hace explotar la totalidad de la vida urbana, la presenta parte por parte y, pese a la brevedad de esos fragmentos, nos obliga a ver en ellos la plenitud dela existencia, que no es exclusiva de ningún lugar y que se encuentra donde nos encontremos los seres humanos.

Debo decir que hay una razón adicional, personal, por la que me interesa esta novela: yo también soy de Toluca, un lugar que con frecuencia se ignora en las historias y los mapas, demasiado cercano a la Ciudad de México, demasiado incierta su posición en el “centro” del país. Este libro ofrece nuestra tierra a ustedes en una forma muy rara y bella. Si su gente parece agresiva, se debe recordar que no lo es del todo, o no de manera fulminante: no mata, nomás taranta.

Vengan a visitarnos: anímense.

Alberto Chimal

México, mayo de 2018

Escritor
Colección
Colección Museo Fantasma
Materia
Novela
EAN
9786078412662
ISBN
978-607-8412-66-2
Páginas
145
Ancho
21 cm
Alto
13.5 cm
Edición
1
Fecha publicación
01-11-2018
Edición en papel
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Sobre Alonso Guzmán (Escritor)

  • Alonso Guzmán
    Alonso Guzmán (Toluca, 1980). Licenciado en Letras Latino-americanas por la Universidad Autónoma del Estado de México y egresado de la Escuela de Escritores del Estado de México. Su novela La agonía de la marmota (2006) mereció el Premio Alejandro Ariceaga por primera novela otor... Ver más sobre el autor