| Fragmentario Parcial, reseña |
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El santo oficio Tímido y azorado, el cartujo pasea por las páginas de algunos libros. Siempre es riesgoso explorar un territorio poblado de palabras, donde tantas veces acechan los pensamientos impuros y el camino recto —pasaporte al cielo— se pierde en la maleza de lo mundano. La poesía de Marco Antonio Montes de Oca no es perfecta, pero está llena de “agujas luminosas”, como escribe Víctor Manuel Mendiola en el prólogo de Las alas de la palabra (FCE), el nuevo libro del poeta fallecido en 2009. “Nuestro minimalista mayor” lo llamó Eduardo Lizalde y Octavio Paz, tan reacio a propinar elogios, destacó su innegable originalidad. En uno de los poemas de este libro, Montes de Oca escribe: “Cuántas veces/ —En la realidad/ Y en la fantasía—/ El trompo del corazón/ Gira sin caerse/ En la cuerda floja/ De la vida”… UNA SERIE DE apuntes, de reflexiones, de hallazgos sobre la literatura, el lenguaje, la vida, conforman el nuevo título de Juan Domingo Argüelles: Fragmentario parcial. Publicado por Ediciones del Ermitaño, apuesta por la imperfección y la provisionalidad, tan constantes a través del tiempo. En uno de sus fragmentos, al ocuparse de los insultos, Argüelles encuentra en el Diccionario de la lengua española de la RAE la definición de ojete. “Persona muy tonta”, dictaminan los académicos y los ojetes ríen, dice el ensayista. Hay ojetes muy listos y otros no tanto, pero todos son malvados y malintencionados. “No, señora RAE —protesta el escritor—, muchos tontos tan sólo somos tontos, pero no ojetes. ¿O acaso los mexicanos podríamos llamar doblemente ojete a Rafael Alberti, que escribió: ‘Yo era tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos’?” La cofradía espera la respuesta de la susodicha RAE, tan desprestigiada la pobre… EN UN ESPEJO sin azogue, el cofrade adivina su imagen. Arrastrando la nostalgia, acaricia su pelo blanco y observa sus manos arrugadas mientras recuerda a un muchacho flaco y de pelo largo y castaño tendido en un catre, escuchando un disco de 45 rpm de los Rolling Stones mientras leía: “Miré hacia el techo, un color liso, azul claro. Mi cuerpo se revolvía bajo las sábanas. Lindo modo de despertar, pensé, viendo un techo azul. Ya me gritaban que despertase y yo aún sentía la soñolencia acuartelada en mis piernas”. Sí, es el comienzo de La tumba, la primera novela de José Agustín, publicada en 1964 y ahora reeditada en la colección “18 para los 18” (SEP, FCE y 2010) junto a La muerte de un instalador de Álvaro Enrigue y El apando de José Revueltas. Es un libro entrañable de un autor ídem a quien, por su trayectoria, se le rendirá homenaje el próximo sábado en el teatro Macedonio Alcalá de la ciudad de Oaxaca, dentro del encuentro Hacedores de Palabras. Con José Agustín estarán ese día su hijo Andrés Ramírez y sus amigos Gerardo de la Torre, Jorge Esquinca, Ignacio Trejo Fuentes y Julio Ramírez… QUERIDOS CINCO LECTORES, con Oaxaca en el horizonte, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. Por: José Luis Martínez S. |



