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Alejandro Zenker y Minimalia Erótica en Fotoseptiembre
Invitacin_Exposicin_Zenker_Museo_TrotskyEl eros se nutre de fantasmas. Atisbos en la penumbra que pronto desvela el sol de la mañana. Alejandro Zenker, fotógrafo y editor dilecto, convoca una ‘junta de sombras’, para usar la expresión de Alfonso Reyes, en el momento en que provoca los latidos de eros. Un foro es el escenario de las emociones, de pronto y sin que nada lo preceda llega un modelo y encuentra los nudos de la lujuria navegante. Danza con todas sus potencias corporales, se sumerge en su mundo y se abisma hasta encontrar esos espectros que son las huellas del deseo. Nada y todo es real.
Teatro de las apariencias y rumor de algo que deja sus potencias hasta convertirse en eros y sólo eros. La joven pasea sus pechos, sus muslos, su trasero, su sexo y ese hecho se transforma en sugerencia grata. El convidado al festín encuentra la complicidad de ese acoplamiento sin coito, de esa intimidad que se condensa, y de ese tránsito que tiene un ojo vigía en la lente de la cámara de Zenker. Una y mil tomas, los escritores están a merced de los fantasmas que se suscitan en esa sesión que muchos envidiarían, porque asomarse a un cuerpo despojado de prejuicios y de ropa es el inicio de un viaje sin escalas rumbo al país de la letras incandescentes. El que hace el itinerario está a expensas de sus propios espectros, de los que guarda en la memoria y de los que construye en los castillos solitarios de su imaginación. Vive el instante en que un roce, una acaricia atemperada, un gesto atrevido o una mirada sometida a los rigores de la belleza es parte del ánimo cautivo del escritor y del fotógrafo. Aunque en realidad es un trío, un menage a trois, en donde el fotógrafo tiene las acciones dentro del panorama de su mirada y de las de los registros de su cámara. Las reacciones son diversas. Unos se inquietan sobremanera, otros quieren mostrar su osadía ante un eros que atemoriza por su contundencia. Todo transcurre al filo de la navaja de la lubricidad. Imaginar una historia en esos momentos parece imposible, lo ideal es dejarse envolver en una atmósfera, gozar en el alambique de la persistencia del ahora y entregarse a los hechos sin más. Gustavo Sainz, Alberto Ruy Sánchez, Hernán Lara Zavala, Josefina Estrada, Jorge F. Hernández, Huberto Batis y otros muchos apreciaron el gesto del aleteo de eros. Hubo, sin embargo, quienes encarcelados en sus temores se alejaron del proyecto que los retaba y los obligaba a mostrarse libres de ataduras. ¿Qué era todo aquello? Una búsqueda en un mar de posibilidades, en la que unos reclamaban su derecho a inhibirse y a clausurar las voces de eros. En cambio, Zenker logró que la mayoría deseara estar ahí, en ese escenario fantasmal iluminado por los faros del deseo. Navegar en esas aguas y en medio de tantos y tantos fantasmas fue un logro indiscutible del que queda constancia en esta exposición y en “Minimalia erótica” de Ediciones del Ermitaño. ¿Qué más puede pedirse a la imaginación y al deseo?
 

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