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Boletín Informativo
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Viernes 19 de Marzo de 2010
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Poema de Saúl Ibargoyen
Lux est umbra Dei ¿Es toda la luz la sombra del dios? ¿O sólo un fragmento de esa luz corresponde a la huella de finísima sangre de intocable ceniza que transita a veces por la Tierra? ¿Habrá siempre un silencio? Los cronistas entonces deben preguntar hastiados de dolor y de otras sombras: ¿por qué ese hombre ciego en cada uno de los vagones del metro en cada humoso autobús en cada esquina habitada: por qué canta sin su guitarra sin su violín y sin su voz? Las respiraciones forzadas de los que duermen ¿son acaso su respiración? EI férreo sudor de los que regresan la orina envejecida de los niños las frescas nalgas de alguna mujer ¿son coágulos de luz olorosa en su oscurecido corazón? ¿Quién escucha esas quejas de amor sin respuesta quién incluye ausencias bocas besadoras sábanas salpicadas puñales ennegrecidos monedas abandonos en esas canciones de todos que a nadie podrán pertenecer? Las coplas los valses las endechas los madrigales los corridos pasan por orejas desatentas por ojos que descifran en los ojos del cantor otras soledades que también vendrán. Los rincones quedan vacíos de la sombra del dios. Súbitos astros estallan contra el cielo de la ciudad sin luz. |

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Cuento de Juan luis Nutte
El tragatipos
Aquella noche, en mi biblioteca, cuando me disponía a leer a Francis Jammes, hallé entre sus páginas un capítulo entero de El supermacho de Jarry. Fue desagradable interrumpir la lectura por el defecto del libro; siempre he sido cuidadoso al adquirirlos, no pude recordar si el ejemplar de Francis Jammes lo compré por su curioso defecto o por alguna otra raz6n. Al revisar la novela de El supermacho, sólo tenía dos capítulos, los demás eran papel en blanco. Esto me preocupó sobremanera, comencé a revisar libros al azar. Halle lo mismo en algunos y cuando estuve a punto de romperlos, arrojarlos por la ventana, amontonarlos para hacer una pira con ellos, un ruido parecido al que emite una lija cuando pule madera y al de un ratón que mordisquea, me distrajo de mis intenciones. Vacié anaqueles, hurgué en los recovecos de la estancia, pero no encontré al bicho provocador del sonido. Al suspender la búsqueda, aguce el oído y el murmullo se desplazó con increíble rapidez de un lado a otro de las repisas. Era lo que me faltaba tener además de libros inútiles, un maldito ratón. Examiné los volúmenes; capítulos enteros, frases memorables o sólo palabras, no existían en ejemplares que otrora leí con delectación. Y además, ninguno tenía la típica devastación de los roedores o insectos. Recordé que un mes atrás adquirí unas ediciones príncipe antiguas. No las cheque, pues el vendedor me aseguró su excelente estado de conservaci6n. Pensé que era natural que esas publicaciones vetustas, estuvieran despintadas de las letras. Sin embargo, no quedé tranquilo, también los ejemplares nuevos tenían huecos en las portadas e interiores... Y mientras tanto, el maldito ruido no dejó de perturbar el silencio de la habitaci6n durante dos días. En este lapso, la tinta se esfumó de la mayor parte de las novelas, enciclopedias, antologías, tomos filosóficos... Así, me sentí iracundo ante mi impotencia para eliminar al bicho escandaloso, y desesperado por la evaporación de las letras. Al siguiente día fumigué, puse cebos y ratoneras; nada, la alimaña siguió con su alboroto. Entonces se me ocurrió seguir el ruido y, cuando este se detuvo en las obras completas de Papini, extraje un tome al azar. En el agujero que dejó no vi ratón alguno, mas el ruido permaneció en el texto de Papini que mis manos sostenían. Entre sus hojas vi una lombriz, si así se le puede llamar, su tamaño y forma era el de una i griega mayúscula, su color era idéntico al de los gusanos de maguey, la parte dividida borraba la tinta y con la inferior se metía a través de la hoja dejando un orificio pequeño. Cuando la sabandija se sintió descubierta, saltó del libro como una pulga y se refugió en los otros emitiendo ese ruido intolerable. Fui a reclamar a los establecimientos donde obtuve esas hojas encuadernadas lujosamente. Casi en todas las tiendas negaron su venta, dijeron que su mercancía nunca ha estado contaminada por insectos de la especie que les describí y mucho menos de otro tipo, me tacharon de loco, oportunista... casi me corrieron a golpes. Sólo en una librería de viejo lo aceptaron. E1 dueño, un anciano oloroso a tabaco y con gafas de lupa, se disculpó: - También compré raticidas, hice muchas cosas y nada. Día y noche el sonido no cesó de fregar. Después, un colega me dijo que quizá tenía una plaga de tragatipos, yo me burlé, le respondí que esas cosas no existen, que inventara algo mejor, mas resultó cierto... No sé cómo se originan esos bichos. Según mi colega, el tragatipos tiene la tarea desde hace siglos, de mantener un equilibrio ecológico, por así decirlo, en la literatura, sólo debe eliminar textos innecesarios, pero como es tan glotón... Tal vez algunos animalitos se fueron entre los tomos que le vendí; no son libros piratas o defectuosos. Usted ya vio quien los blanquea. Es un animal difícil de atrapar, se alimenta de buena literatura, también de regular. Es un desastre cuando hace sus necesidades, defeca capítulos, frases, poemas, en obras que no corresponden, y cuando muere se chorrea como bolígrafo defectuoso. No se preocupe, yo le repongo algunos ejemplares inservibles; hágame un listado y los tendrá en su casa, además le doy el remedio para matar al animal. Llegando a casa, lo primero que hice fue esparcir el veneno por todos los estantes. En menos de quince minutos el tragatipos murió. Sólo se escuchó como un cascabel de víbora desesperada. Abrí una de las trampas y vi al bicharraco retorciéndose como tlaconete en sal mientras se desangraba en ríos de tinta negra. Ahora, cuando los amigos me visitan, todos me preguntan con ironía por qué tengo entre la buena literatura, títulos como Volar sobre el pantano con ida y vuelta, El vendedor de éxtasis más grande del mundo, Juan Cazador de gaviotas... y toda esa clase de recetarios para ser triunfador y millonario. Les respondo que es veneno para el tragatipos y que están allí para evitar una nueva infestación. Y mis amigos, burlones e incrédulos, sueltan carcajadas y me piden que les cuente sobre el animalejo. |
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Soneto de Antonio Cuesta Marín
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En plenas elecciones las soltaste
En plenas elecciones las soltaste al capo de la mafia en el gobierno con tal de que le dieran a tu yerno pa dentro y su curul y la cagaste.
Explícame por qué no le arrancaste al menos una punta de algún cuerno para que a ti te diera hogar eterno el puto en la familia que anhelaste.
Comprende que si vives en Sodoma tú puedes adquirir todo de gorra si mamas sin poner punto ni coma.
Me extraña que si puta no seas zorra sabiendo que aún la más blanca paloma se debe emputecer si está en Gomorra.
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